• Carolina Sances

"¡La pieza de mi hijo es un desastre!" Algunas claves para manejar este tema...

“Deja toda su ropa tirada en el sillón”, “su closet es un desastre”, “deja platos sucios encima de su escritorio”, “la decoración de su pieza es espantosa”, “pega unos posters horribles en sus paredes”, “tiene los muros llenos de fotos, stickers y diferentes cosas pegadas”, “pueden pasar días y no hace su cama”, “siempre encuentro su ropa sucia tirada en el suelo”… en fin, son frases comunes que escucho de parte de los papás de mis pacientes adolescentes y es una fuente de discusiones interminable con sus hijos.





Frente a esto, lo primero que los padres tenemos que entender es la relevancia que tiene su pieza en la vida y desarrollo de un adolescente.


Para ellos, su habitación es una especie de guarida en las que se refugian de las inseguridades que les puede generar el mundo y la relación con los demás, pero también de las propias tormentas internas.

Por eso, parte importante de las preguntas que hago a mis pacientes adolescentes y que me permiten conocer mejor quiénes son y cómo se sienten, es que me describan cómo es su pieza.


Y es que la pieza de los adolescentes es un espacio muy relevante para la construcción de su identidad, por lo que necesitan que en ella se refleje su mundo interior, sus gustos, sus opiniones y sus necesidades.

No es de extrañar entonces, que los muros estén tapizados de posters de sus grupos musicales favoritos, de otros que representen sus posturas y opiniones ante el mundo, de fotos de sus amigos, de objetos que los identifiquen, de frases escritas en los muros que representen sus pensamientos, etc.


Por eso para los adolescentes es tan importante decorar su pieza a su manera. De hecho, en la consulta, me preocupa más cuando la pieza de algún paciente adolescente parece impersonal como la de un hotel o de una casa piloto o cuando ha sido decorada por los padres, que cuando la queja de éstos apunta al desorden o a una decoración que no les gusta.



LA PIEZA COMO LUGAR DE INTIMIDAD


Algo que a algunos padres les cuesta aceptar, sobre todo en los primeros años de la adolescencia, es que es una necesidad para el desarrollo de su hijo adolescente, tener privacidad e intimidad. La habitación debería satisfacer esta necesidad y, aún cuando deba compartirla con hermanos, es necesario que cuente con espacios propios dentro de ella como cajones, closet o cajas donde pueda guardar sus cosas y sean éstos lugares privados donde los demás no puedan entrar.


Algunos padres se sienten desplazados por esto, o sienten que pierden un espacio de control en la vida de sus hijos. De hecho, varias veces he escuchado de parte de padres en la consulta, que cuando sus hijos no están en la casa, aprovechan de revisarles sus cajones, sus diarios de vida o sus closets, refiriendo que ésta es una forma de enterarse si están expuestos a un peligro o simplemente para conocerlos mejor.


Estas estrategias son armas de doble filo, ya que si bien nos pueden ayudar a conocer ciertos espacios de la vida de nuestros adolescentes, además de no ser respetuosas con ellos, también pueden dañar la relación, la conexión y la confianza mutua, fundamentales para un vínculo realmente protector.


¿Entonces, por qué mejor no buscar formas respetuosas y más efectivas para conocerlos, conectar con ellos y construir una relación de confianza mutua, que les permita a nuestros hijos abrirse a nosotros y procurar nuestra ayuda cuando la necesiten? (Al respecto puedes ver mis artículos "Sientes que tu hijo/a adolescente construyó una especie de muro invisible a su alrededor" y "Crisis adolescente 2: la conexión emocional es clave")




¿Y EL ORDEN Y LA LIMPIEZA?

Pero creo que el problema mayor con los papás, surge con respecto al orden y la higiene de la pieza de sus hijos adolescentes.


Y es que la pieza también es el espacio personal que tiene el adolescente para ejercer su independencia y libertad y esto lo hace, por ejemplo, instalando su propio orden y su propio criterio de cuándo y cómo ordenarla y limpiarla.


Además, no nos debemos olvidar que los adolescentes están pasando por una época de cambios que, en mayor o menor medida, es confusa y desordenada internamente y, este desorden de su pieza, también es el reflejo de ese mundo interno.


Un criterio útil a aplicar en este punto es que el orden de una pieza debe ser funcional a quien la habita y si nuestro adolescente, a pesar del desorden, siempre sabe dónde están sus cosas, puede estudiar, descansar y se siente realmente a gusto ahí, no habría mayor problema.

¿PERO DONDE ESTÁ EL LÍMITE?

Aún comprendiendo lo anterior, hay ciertos límites que tenemos que considerar. Por ejemplo, si la falta de higiene y orden es extremo y/o implica algún riesgo o molestia para él/ella o para el resto de la familia.


Además, estos estados de extremo desorden y falta de higiene, nos pueden estar hablando de algún problema en su estado de ánimo o en su salud mental.


Asimismo, si bien es esperable que los adolescentes prefieran estar en su pieza, si no sale de ella más que para ir al baño, se suma que va mal en el colegio, no comparte en lo absoluto con el resto de la familia y/o tiene dificultades en la relación con sus pares, tenemos que estar alertas, pues podría ser otra señal de que algo no anda bien.


Y en estos casos, por supuesto que los padres debemos intervenir y negociar, y si no hay forma de que salga de estas situaciones, recomiendo consultar con un profesional especialista en adolescentes.


Para negociar podríamos acordar por ejemplo, que la pieza debe ser aseada dos veces a la semana y que él/ella elija los días que lo hará; que no haga la cama todos los días, pero que no vuelva a dejar los cerros de platos con comida que acostumbra dejar en su escritorio; podemos negociar que no lave su ropa tan seguido, pero que la deje dentro del canasto de la ropa sucia y no en el suelo; o acordar que nadie planchará su ropa si la sigue dejando arrugada y amontonada en la silla; o que puede comer ciertas comidas del día en su pieza, pero otras debe comerlas con el resto de la familia…en fin, llegar a puntos en que ambas partes queden tranquilas y se sientan escuchadas y respetadas.


Esto también le servirá para ir aprendiendo a incorporar las necesidades de los demás y para hacerse responsable de su propio espacio.


Y finalmente, algo muy importante es que en esta negociación podemos agregar obligaciones para los padres, que respondan a necesidades que plateen los hijos. Por ejemplo, que no podamos entrar si no tocamos la puerta o que no podamos ordenar la pieza si él o ella no está presente.

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